RIP: Ernie Chan y Tony de Zuñiga, dibujantes de Conan.

El mes de mayo no ha sido afable con dos personajes muy ligados a la imagen de Conan en cómics: Tony de Zuñiga, el pasado día 11, y Ernesto «Ernie» Chan (también Ernie Chua), cinco días más tarde.

Ambos formaron parte del elenco filipino que, principalmente como entintadores del gran John Buscema († 2002), que configuraron esa imagen imborrable del bárbaro en La Espada Salvaje de Conan, junto a otros compatriotas, como Alfredo Alcalá († 2000), quizás el más llamativo y recordado de ellos.  Descansen en paz todos, tal vez juntos ahora en las altas cumbres de Cimmeria, tierra sombría y de noche profunda.  Chan fue, además, habitual en la serie regular, Conan el Bárbaro, participando en algunos de sus episodios más destacados, como los de Bêlit, la Reina de la Costa negra; mientras que De Zúñiga, para mí, dotaba al cimmerio de esa mirada profunda que mejor definía al personaje.

Para los que queráis profundizar en sus biografías, os dejo los enlaces de esa gran web-revista dedicada a los cómics que es Tebeosfera, y un par de imágenes de recuerdo:

Tony de Zuñiga, con John Buscema, en Más allá del Río Negro
Dibujo de Ernie Chan (colección Don Vernon)

PRÍNCIPE VALIENTE. 1942

EL LARGO VIAJE DE VAL.

Continúa el largo periplo del Príncipe de Thule lejos de Camelot.  En el mismo Estrecho de Gibraltar, a bordo del Drakar de Boltar (personaje carismático, que se convierte en uno de sus grandes compañeros de aventura), ayudan a un barco en peligro y su capitán, como recompensa, les indica un lugar en el Sur (África) donde pueden encontrar grandes cantidades de oro.  Así, iniciando una posible ucronía (una constante que se repite en muchas aventuras de Valiente), se adentran en una ruta poco conocida para la época donde redescubren la Isla de los Canes (las Canarias, en la imagen de abajo), atraviesan las costas del Sáhara hasta la desembocadura de un gran río (posiblemente en el actual Senegal, o tal vez Gambia).

Foster se luce en el dibujo de una vegetación tropical abundante y frondosa, así como en la introducción de imaginativas traslaciones de criaturas de fábula: dragones (cocodrilos), ogros (gorilas), unicornios (rinocerontes), serpientes que superan árboles (jirafas) o monstruos descomunales de colmillos gigantescos (elefantes), magníficamente recreados en la imaginación y miedos supersticiosos de unos hombres del siglo V, tan utilizado después, por ejemplo en muchas de las adaptaciones de Conan a los cómics por Roy Thomas y John Buscema, discípulo evidente, y maestro a su vez.

Regresan cargados de oro, atravesando sin detenerse las costas de España (por aquel entonces aún hispano-romana, con los primeros asentamientos visigodos), el cabo Finisterre y el golfo de Vizcaya hasta la Galia, donde paran a avituallarse.  Allí, por casualidad, Valiente descubre que el señor del castillo tiene prisionero a Gawain, por el que pide un rescate.  Solicita a Boltar su parte del oro y lo libera, pero el traicionero Gyu de Haakon envía a sus hombres a detenerlos más tarde, con la intención de solicitar un nuevo rescate por ambos.  No sabe que Boltar y sus hombres lo imaginan, y recuperan el oro, e incendian el castillo antes de hacerse a la mar; pero Valiente y Gawain han huido a pie, y deben realizar el regreso a casa por el interior.  Su viaje da pie a Foster para narrar diversas aventuras donde hace gala de su fino humor en el duelo entre Sir Kilos y Sir Desnutrición, resalta la galantería de Gawain con las damas, y el gran ingenio de Valiente para solventar situaciones, como la encerrona en la conquista del castillo de Sir Hubert, que convierte en victoria de los sitiados.  Destaca también el episodio de La Torre Negra, donde el autor hace gala de un estilo preciosista y la recreación de un ambiente ominoso a base de sombras y claroscuros, que tanto ha influido después en muchos otros autores; a mí me ha traído al recuerdo el Black Dragon de Claremont y John Bolton, cuya imagen de James Dunreith recibe sin duda la inspiración (tal vez inconsciente) del Sir Givric de Foster.

Tras cruzar Bretaña hasta el Canal de la Mancha, alcanzan el castillo del rey Bors, donde se reúnen con su hijo y buen amigo, Sir Lancelot.  También con Boltar, a quien han puesto precio (demasiado bajo, según él) por pillaje.  Valiente media en la disputa, y Lancelot condena al vikingo a llevar a éste y Gawain sanos y salvos a Inglaterra.  Así, tres años después de su partida (debe tener 19), Val regresa a Camelot, donde es recibido con alegría.  «Despidámonos de la paz y el orden.  El Principe Valiente ha vuelto» bromea el Rey Arturo.  Pero tras el banquete que se celebra, le encarga una misión:

EL MURO DE ADRIANO.

Valiente deberá viajar al norte, donde los normandos se han aliado con los pictos y preparan una nueva invasión, y comprobar la situación de la gran muralla que tiempo atrás construyeron los romanos para contenerlos (el Muro de Adriano).  Con ello se inicia un nuevo arco argumental, en el que Val se infiltra entre las líneas pictas, pero es capturado por éstos y torturado por los normandos de Horsa hasta casi la muerte.  Será rescatado en última instancia por Gawain (arrepentido de no haberle acompañado como debía y preferir una vida disoluta) y llevado a Camelot, donde informan al Rey Arturo, quien reúne un ejército y marcha con él al norte.

Me gusta destacar la figura de Julián, el inmortal, creada por la fértil imaginación de Foster: tras la retirada romana del muro, más de 40 años atrás, Julián, un centurión herido que no pueden transportar es dejado a cargo del muro hasta el regreso de unas tropas que nunca volvieron.  Sin embargo, el centurión se recupera y cumple con el encargo montando guardia a diario en la muralla, misión que traslada a su hijo, y éste a su vez al suyo.  Todos los primogénitos se llaman Julián y mantienen la vigilancia a diario, por lo que los supersticiosos pictos lo conocen como «el inmortal» (una historia inspirada sin duda por The Phantom -el Hombre Enmascarado-,  creado por Lee Falk en 1936, otro de los personajes clásicos de la historieta y pionero del cómic de superhéroes).

Val se recupera en Camelot (entre las atenciones de las damas solteras) a tiempo de alcanzar las tropas de Arturo antes del enfrentamiento con los normandos.  En el camino, da otra muestra de su ingenio (y el talento de su creador) facilitando la toma del castillo de un señor que ha saqueado el avituallamiento de las tropas.  Los dos ejércitos se vigilan.  Cuando llega, Val presencia un duelo entre campeones de ambos bandos, que vence el normando Thundaar.  Impulsado por su insolencia y el odio hacia quienes lo han torturado salvajemente, el joven desafía al campeón normando.  La última plancha del año, con 12 viñetas, recoge el combate entre ambos y el triunfo de Valiente, quien corta de un tajo la mano de su enemigo que empuña el hacha.

NOTAS SOBRE LA EDICIÓN:

  1. Quiero resaltar -no lo he hecho antes- los artículos complementarios que preceden a las planchas del cómic en todos los volúmenes de esta edición de Planeta.  En los cinco primeros tomos, de Beatriz C. Montes, Doctora por la Universidad de Tours, y Profesora de la Universidad de la Rioja, nos ha acercado con brillantez a la figura de Hal Foster, en comparación a la de su creación El Príncipe Valiente, con el que establece de forma acertada numerosas similitudes.  Volverá más adelante.  En este sexto tomo, Pablo Kurt Rettschalg Guerrero, Licenciado en Filología Clásica, Profesor de Cultura y Lenguas Clásicas, realiza un extenso artículo sobre Europa en la Edad Media, donde transcurren las aventuras del personaje.

CONAN La Leyenda, Edición Integral Volumen 3: LA TORRE DEL ELEFANTE y otras historias

Para deleite de los aficionados al personaje, que disfrutamos con una buena edición de sus adaptaciones al cómic, Planeta DeAgostini continua con la recopilación integral de la primera serie, CONAN, que Dark Horse dedicó al cimmerio.  Si además se trata de un Regreso a los Orígenes, una recreación honrada del personaje, el intento de acercarlo al bárbaro original que concibiera Robert E. Howard en su día, realizado por tres autores (Busiek, Nord y Stewart) nominados al Premio Eisner -cada uno por separado en su categoría-, el nivel de calidad se eleva bastante.  Pero si -aún más- se trata de una edición fiel al formato novela gráfica para el que fue concebida la historia en sus orígenes, el volumen -la serie- se convierte en un producto de lujo y coleccionismo, imprescindible para el interesado.

No voy a negar cierta debilidad por esta serie (al menos, gran parte de la misma), que queda manifiesta en lo ya escrito (arriba y en ocasiones anteriores), que he recomendado y recomiendo encarecidamente a todos.  Y el volumen que nos ocupa es uno de los mejores, aunque sólo sea por contener la adaptación de uno de los más aplaudidos relatos de Howard, La Torre del Elefante.  En este caso, siendo una adaptación estupenda, con bastante más medios disponibles que aquellas, a mi entender, no consigue hacer olvidar las adaptaciones clásicas de Roy Thomas, tanto en la grandiosidad del dibujo de Buscema y Alcalá como en la magia y capacidad para generar sorpresa de Barry W. Smith (su escena final, con el rostro sorprendido de Conan ante lo inesperado, es una de las más expresivas que he llegado a disfrutar nunca).  Sin embargo, la transición del bárbaro desde las montañas vírgenes a las costumbres civilizadas que realiza Busiek, su adaptación progresiva a las mismas (que nunca conseguirá por completo) es infinitamente mejor que la de Thomas entonces, porque ha sido concebida así en sus planteamientos iniciales y continuidad.

Presentada como crónicas secuenciales recogidas por los escribas nemedios (narradas por un no tan extraño visir a su príncipe, siglos después), la historia nos presenta a un Conan joven e inexperto en tierras de Corinthia, que no tarda en descubrir la falsedad de las relaciones humanas en el mundo al que acaba de llegar.  Desconfiado a la fuerza, pendenciero, de pronto irascible, fácil de irritar, brusco y demasiado directo en sus reacciones, tras un episodio de encuentro con la magia sobrenatural, terminará por alcanzar Zamora y La Ciudad de los Ladrones, donde se inicia en ese notable arte civilizado.  Allí aprende, más cada día, acerca de traiciones, manejos ocultos y segundas intenciones, que le irán forjando lentamente una nueva forma de ser y actuar; hasta triunfar y hacerse un hueco en el negocio gracias a su agilidad y fuerza, pero sobre todo a su ingenio, algo que también le ayuda a aprender el trato con las mujeres.  Quiero destacar un hecho que me gustó encontrar en el planteamiento de Busiek, justo antes de adentrarse en La Torre del Elefante: la atracción que muestra Conan por lo desconocido, las conversaciones de filósofos, teólogos y eruditos en el ágora de la ciudad, que no entiende pero le atraen, y demuestra una inteligencia inquieta que no siempre se le ha querido reconocer en otras adaptaciones (especialmente el cine), pero se intuye y subyace en el trasfondo de los escritos de Howard.

Como digo, un volumen extraordinario, que nos presenta una imagen igual, al tiempo que diferente, del mismo Conan de siempre, con un enfoque inteligente y renovado.  Ojalá la nueva versión en película que se estrena pronto (y nace en gran parte debido al éxito que obtuvo esta serie) sepa beber también de sus fuentes.

En definitiva, si eres aficionado al Conan de Howard no querrás quedarte sin esta adaptación, de lo mejor que se ha hecho.  Advertido quedas.

Volúmenes previos: