LA HIPÓTESIS, de Ekaitz Ortega.

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¿Puede un autor, considerado de género por su trayectoria anterior, trascender ese género y crear una obra «realista» sin perder su esencia…? O, de otra forma, ¿podría una obra trascender el realismo y convertirse en «de género» gracias al estilo, el costumbrismo absurdo o la edición que utiliza…? Más aún, ¿necesitamos etiquetar a un autor, su obra o una editorial en base a arquetipos, o jugamos -al fin- a ser libres?

«Máximo ha sufrido un hecho insólito durante un atraco a su pequeña tienda. El suceso, inexplicable para la policía y sus conocidos, lo tiene obsesionado. Ante la falta de respuestas, decide contratar a un guionista para que escriba pequeños relatos sobre lo que pudo haber ocurrido, a los que llama «hipótesis». Sin embargo, lo que empieza como una cordial relación con el escritor torna hacia lo incómodo cuando Máximo va leyendo sus historias.

¿Se puede actuar con normalidad cuando nada parece tener sentido?»

La respuesta, en todo caso, ha de darla el lector, mientras acompaña a Máximo en su deambular por las opciones que el guionista le propone como solución y ninguna le convence… hasta que la propia realidad, esa trama enmarañada que hemos tejido al paso, se desentraña y golpea con una bofetada sonora que nos despierta y hace pensar que mejor hubiese sido dejar todo como estaba. Una alegoría sobre cómo intentamos adaptar los sucesos cotidianos (y extraordinarios) a cuanto nos conviene, y cómo el deseo mismo de normalidad y que nada cambie, provoca la ruptura. Porque, tal vez, la normalidad no sea deseable, y es la rutina diaria, encastrada, lo que genera el cambio.

Sorprende la permuta de registro y personajes que realiza Ekaitz en esta obra respecto a la anterior, «Esta noche cruzaremos el Ganjes» (también en el El Transbordador), una novela redonda de ficción especulativa y distópica, con personajes bien definidos y fuertes, hacia esta otra, plena de costumbrismo urbano, insulso, cotidiano y personajes normales, casi planos en su existencia, que -no obstante- esconden la pasión secreta del cambio.

Partiendo de una premisa de novela negra (la investigación de un suceso que nadie consigue explicar) y a través de un recurso especulativo de género fantástico (el guionista que inventa soluciones iterativas que nos acercan a la verdad, aunque no guste), con sabor a cómic (no he dejado de ver en viñetas sus encuentros en la plaza, ante un café), y personajes que transitan entre el costumbrismo patético y el humor negro, surrealista, de una vida normalizada y sin cambios, «La Hipótesis» oculta una trama que denuncia lo absurdo de las relaciones construidas sobre lo cotidiano y repetitivo, sin sorpresas, el machismo indolente que esconde lo habitual, y la lucha silenciosa y callada de la mujer por su independencia, a veces, verdadero motor del cambio y la revolución personal.

Ekaitz Ortega -como bien dice Xavier B. Fernández en un prólogo excelente- utiliza la ficción para hacernos comprender la realidad. Aunque en este caso se trate de una ficción realista, llena de costumbrismo y de lo más cotidiana, y lo real tienda hacia un surrealismo absurdo y sorprendente. Una fábula metaliteraria.

No en vano, dice el autor en su dedicatoria «digan lo que digan, es comedia».