Episodios Nacionales: Trafalgar. De Benito Pérez Galdós

El primero de los Episodios Nacionales, la obra magna de un gran escritor, narrador, dramaturgo y cronista del siglo XIX, considerado por muchos el mayor novelista español después de Cervantes.

Este episodio, al igual que las 10 novelas que componen la primera serie, está narrado desde la visión de un niño de Cádiz, un pícaro de 14 años que más adelante conoceremos como Gabriel de Araceli, que narra, en primera persona, experiencias y vicisitudes propias y las costumbres de una época, un periodo trascendente de nuestra historia, que va desde Trafalgar a la Guerra de la Independencia frente al invasor francés.

Los Episodio Nacionales forman un corpus de 46 novelas cortas agrupadas en cinco series, cada una con un narrador común; una obra magna en su conjunto, precursora de la novela histórica actual, que abarca setenta años de nuestra historia (entre 1805 y 1875) en forma de folletín costumbrista, el que las aventuras de los protagonistas se cruzan con los grandes sucesos de aquellos años, narrados desde la perspectiva cambiante del autor en el momento en que escribe cada serie: el fervor épico de la primera (Guerra de la Independencia), sus ideas liberales en la segunda (lucha entre liberales y absolutistas), la más radical y anarco-socialista de la tercera (primera guerra carlista) y cuarta (revolución de 1848 hasta la caída de Isabel II), y el escepticismo de la última (restauración borbónica de Alfonso XII).

En Trafalgar, el niño Gabriel recuerda los momentos felices de su niñez en las playas de Cádiz, una madre viuda a la que adora y un tío borracho que los maltrata. A los 14 años queda huérfano, momento en el que inicia una vida de trapicheos y consigue escapar de la leva obligatoria al ser acogido como paje por don Alonso Gutiérrez de Cisniega, antiguo capitán de navío, retirado por la edad y sus heridas, que le evita transitar la senda dickensiana de penurias a la que estaba abocado. Su vida con la familia se convierte en un retrato costumbrista de la época, algo excesivo, quizás, para el gusto de hoy: los juegos infantiles con la niña de la casa, su enamoramiento y celos hacia el pretendiente… En la descripción del matrimonio también utiliza estereotipos demasiado arquetípicos: doña Francisca, la buena señora de gran corazón y verbo exuberante (la voz sensata del pueblo, tal vez, invalidada por sus modales), que siempre se queja de la armada y la guerra, o el caballero, que no habla sino de barcos, antiguas batallas y el error ajeno que le costó la derrota y la herida que le invalida; y un tercer componente, Marcial, marinero y confidente del marido, compañero de aventuras marinas y de agua dulce, lisiado múltiple en diversas batallas que, en conjunto, le convierten en un remedo de aquel gran marino y estratega que fue, cien años antes, Blas de Lezo; y, como aquel, conocido con el mote de «medio hombre«, por las muchas mutilaciones que sufre en su anatomía.

El Santísima Trinidad

Pero, una vez superado el introito costumbrista de la época, en el que no faltan notas de humor como el «cuñadismo» de Marcial o el «fantasmeo» de Malespina [términos ambos de nuevo cuño, pero de rancio abolengo a lo que se ve]), y tras las rocambolescas peripecias que conducen al embarque del trío (Gabriel y los dos marinos jubilados) en el mayor buque de guerra construido hasta la fecha, el Santísima Trinidad, Galdós da inicio a la aventura, la gran batalla naval que tuvo lugar junto al cabo Trafalgar el 21 de junio de 1805, que supuso la derrota de la armada española, aliada a la francesa de Napoleón, a manos de los ingleses.

Y, en Galdós, aventura es sinónimo de realidad, documentada y veraz, por la cercanía de los hechos (68 años antes) y el haber contado con el testimonio de un viejecito simpático, ataviado de levita y chistera anticuadas, de apellido Galán, que encontró en Santander, que había participado en la batalla como grumete a bordo del Santísima Trinidad. Suyos son, pues, los recuerdos que don Benito plasma en la obra, aderezados con sus pensamientos y verbo florido. Suya la experiencia y vivencias que narra en primera persona Gabriel, cronista improvisado pero avatar indiscutible de aquel otro que vivió los hechos en realidad. No obstante, no considero suyas -de Galán– sino del autor, las sensaciones múltiples que transmite, sus sentimientos cambiantes, las emociones y pesares que nos traslada al describir hechos y personas, sus actitudes y poses extremas.

En este sentido, Galdós, como cronista de una época cercana a la suya, muestra ecuanimidad al transcribir las percepciones del personaje y su visión del enemigo, «el pérfido inglés», primero con la visión de un niño de playa que los considera -por lo que ha oído- poco menos que demonios, piratas sin patria ni sentimientos, bandera ni honor, y la realidad, que muestra a sus ojos vírgenes la verdad de unos seres iguales a los que conoce, tan humanos y pérfidos como los suyos -los nuestros, «los españoles«-, capaces de sentir desprecio (como el que sienten los suyos en el «entierro» marino de su tío fallecido) o, tras la batalla, atender a los heridos de ambos bandos, aunque sean prisioneros. También realista, cuando describe un combate plagado de heridos y muertos sin recrearse en la sangre y dolor que le son propios, pero mostrando con toda crudeza el sufrimiento que le acompaña (que atempera con toques de humor en las palabras de Marcial y Malespina).

Un Galdós crítico, que analiza (con la voz sensata -aunque incómoda- de doña Francisca) las causas de una derrota, justificada -con acierto- en los errores del mando francés, un almirante Villeneuve desprestigiado, en una guerra que no era nuestra y a la que nos vimos arrastrados por los acuerdos con Napoleón.

Crítico también con nuestro mando principal, que no supo imponer la decisión de todos los comandantes de navíos españoles –Churruca y Alcalá Galiano entre ellos- de no combatir al inglés en mar abierto. Gravina, también en contra, no tuvo la inteligencia emocional suficiente para negarse cuando Villeneuve invocó al valor (un exceso de testosterona ha sido siempre el mal de nuestros compatriotas; cuánto más del ejército).

Y crítico, asimismo, cuando compara –sin acritud, pero ahí está– la situación de ambas armadas: más numerosa, preparada y profesional la inglesa, con Nelson al mando; mal pagados nuestros cuadros y mal pertrechada la tropa (otros males endémicos del país) por mucho valor que pusieran; y una marinería poco especializada, obtenida por la leva obligatoria, compuesta de ancianos, mendigos, campesinos, soldados de infantería y reclusos liberados.

Con todo, la historia hubiese sido distinta de haber mantenido la flota en Cádiz como proponían nuestros ilustres marinos: la durísima tormenta que tuvo lugar tras la batalla habría desarbolado gran parte de la armada inglesa en alta mar. Quizás, así, el almirante Nelson no hubiese muerto en la batalla; ni nuestros comandantes. Pero la historia es la que es…

Muerte de Nelson en Trafalgar, obra de Denis Dighto

Tras la batalla y la tempestad, un Gabriel superviviente y testigo de la derrota, no soporta las desventuras del amor juvenil y encamina sus pasos hacia Madrid, donde continuará sus aventuras a lo largo de otras diez novelas (nueve en realidad), transitando por los Episodios Nacionales que componen la primera serie; en la corte de Carlos IV, los levantamientos del 2 de mayo, la batalla de Bailén, Chamartín, Zaragoza, Gerona y Cádiz, con Juan Martín el Empecinado, hasta la batalla de los Arapiles, el 22 de julio de 1812. Todo un folletín de aventuras que utiliza su figura como fondo y excusa perfecta para enlazar y contarnos los hechos relevante que tuvieron lugar durante la Guerra de la Independencia, verdadera protagonista de esta historia.

Pérez Galdós, por Joaquín Sorolla

Los Episodios Nacionales recrean una parte de nuestra historia pasada, una crónica novelada pero realista y veraz, de la España del siglo XIX, que Galdós recorrió en trenes de mala muerte para conocer de cerca. Su estilo es fluido, un tanto recargado y florido en adjetivos, propio de la época, pero con diálogos frescos y naturales, entresacados de conversaciones de gente corriente a la que espiaba con discreción para copiar sus detalles. Miembro de la Real Academia de España, diputado liberal en varias ocasiones, Cronista de España por designación popular y candidato al premio Nobel de Literatura en 1912 (la Iglesia impidió su nombramiento), Benito Pérez Galdós es, sin duda, parte de nuestro acervo cultural.

Muchos de nosotros, sea por comodidad, desidia o procrastinación, hemos dejado a un lado y desconocemos a fondo su obra. Yo entre ellos, lo confieso, pese a que siempre he tenido en casa sus Obras Completas, en una edición de dos volúmenes de 1945, heredada de mi padre (algo leí de joven, pero lo dejé). Es la que he utilizado ahora para releer Trafalgar, y la que seguiré usando hasta redimir mi pecado. Ya os contaré.

EL CODO DE LA TORCAZ, de Damián Cordones,

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«La alucinación epistemógica, lo que Jesualdo Salguero llama METANOIA (que distingue de la alucinación emancipadora), consiste en la incapacidad de distinguir los diversos sistemas de pensamiento que estructuran el mundo, una confusión metafísica que determina su percepción a priori (una paranoia trascendental). El sujeto construye un único sistema con piezas de otros sistemas (paranoia) y pretende capturar el exterior (Ver es capturar).»

Resulta complejo catalogar El Codo de la Torcaz con un calificativo que la defina exactamente, encuadrarla en un género, encontrar una etiqueta que facilite y dirija los pensamientos del lector, le oriente o lo atraiga a su lectura. El propio autor dijo, en su presentación en Málaga: «el libro es un producto que se vende; por eso se etiqueta, como cualquier otro producto»; o sea, que en el complejo mundo comercial que nos ha tocado vivir, el libro requiere, necesita, precisa una etiqueta, y hay que buscársela. Sin embargo, Damián Cordonestoda su obra, por elección propia– es un autor difícil de catalogar. La editora, Pilar Márquez lo clasificó como autor experimental, y yo estoy de acuerdo (aunque él mismo admita que «todo lo experimental deja de serlo con el tiempo«). Pero hay que poner etiquetas; son necesarias.

Y aunque considero que al autor no hay que etiquetarlo porque se le estaría encasillando, sí considero que a un libro, como resumen rápido para quien no lo conozca hay que ponerle etiqueta; aunque (como en este caso) no exista una que lo defina con precisión. Por eso –y porque es mi crónica y estoy en mi derecho a hacerlo-, me lo invento (como hacen los autores, editores o directores de márketing todos los día). También porque la etiqueta «Surrealismo lisérgico» me pareció divertida -además de apropiada- para definir esta obra de Damián (si no, tiempo habrá para debatirlo en persona, una tarde agradable de café y copas).

¿Cómo, si no, podría definir una obra compleja que (y es sólo mi visión personal, que cada cual extraiga las conclusiones que quiera tras su lectura), con términos realistas, trasciende la realidad y la nos la devuelve bajo un tamiz de irracionalidad imaginativa? Más cuando esta realidad sucede al influjo de la mescalina:

Su protagonista es un yonqui adicto a la heroína, bajo protección de Sawa -cocinero y fuente de la red de distribución de drogas en la ciudad- que intenta desintoxicarle intercalando chutes con un derivado del mescal; en un entorno de presión, deterioro y miseria, ocultos en una casa ruinosa del casco viejo, cuyos vecinos resisten frente al acoso de la corporación y los agentes inmobiliarios de M0rne, que pretenden su desahucio, demoler el barrio y construir un complejo de oficinas en su lugar; en una ciudad indeterminada, que igual podría ser Granada que una de aquellas renacidas de la plaga de fractal en La Era del Espíritu Baldío (el autor utiliza aquí un sistema de anotación y catálogo por listas, muy similar al de entonces aunque más desarrollado).

La historia la narra el protagonista cuando intenta reconstruir y mantener la red Torcaz de distribución de drogas, ante la incapacidad temporal de Sawa, a partir de sus propias anotaciones, que apunta y revisa una y otra vez al influjo de las drogas y el tratamiento de mescalina alterada, los apuntes encriptados de Sawa sobre su sistema de distribución y el ensayo que éste escribe sobre Filosofía Libertaria. Como modelo utiliza el sistema de desplazamiento de las blatodeas (cucarachas, en cristiano) que infectan y plagan la casa.

Si con lo dicho no os parece correcto el calificativo de Surrealismo lisérgico, puede que sea yo quien requiera tratamiento…

Si esta historia, narrada en un continuo estado de alucinación y los desvaríos de un yonqui, pero con tremenda lucidez no te atrae, tú te la pierdes. Porque, a lo señalado hay que añadir que Damián Cordones escribe de maravillas, con un lenguaje fluido y de pensamiento abierto al subconsciente, que te atrapa y engancha desde el primer momento y te hace cómplice de la investigación del protagonista, sus dudas y reflexiones, su intento por discernir qué está pasando, cómo actúa Sawa, a qué modelo responde el funcionamiento de la red Torcaz, cómo intervienen las palomas o las blatodeas, o qué ha querido decir él mismo en sus anotaciones previas, que revisa, tacha, corrige y puntualiza continuamente. Y, aunque parezca mentira, todo cuadra y el sistema Torcaz persiste (la revolución, si eso, en otro momento…). La historia -las historias de Damián- no se ajustan al canon clásico occidental de «principio-nudo-desenlace», sino que, como en la tradición japonesa, suceden en mitad de «algo» que viene de antes y continúa después; el relato se detiene y debe ser el lector -de nuevo cómplice- quien lo complete en su imaginación (un ejercicio complejo pero entretenido y apasionante, que se agradece).

Y, sobre todo, te perderías un trabajo ingente de edición creativa, la consecución de un reto editorial difícil de realizar (y superado con brillantez) para diferenciar y mostrar con lógica cada estado o revisión del autor protagonista; una sucesión de tintas a dos colores más negro en la misma página, sangrías, viñetas a diferente nivel, cajas de texto intercaladas, dibujos y signos, tablas… Ignoro cuánto del resultado final se encontraba en el texto original del protagonista autor, pero me consta que será poco lo que conserve del mismo y mucha la labor de edición realizada para obtener, pese a todo, una maqueta impecable; el único libro de la editorial que no contará con versión en digital porque -es verdad- perdería toda su gracia.

Aún recuerdo con agrado aquella sensación de impacto que causó, antaño, la singular edición de La Historia Interminable de Michael Ende y sus tintas a colores. ¡Qué maravilla! ¿verdad?. Pues la edición de El Codo de la Torcaz no le anda a la zaga y contiene mucho más trabajo. Un trabajo conjunto que ambos, Damián Cordones y Ediciones El Transbordador han hecho realidad.

Os recuerdo que un día, cuando todo acabe y la normalidad se recobre, vamos a celebrar un encuentro del Club de Lectura de Literatura Fantástica en Málaga con Damián Cordones, donde comentaremos su obra, las peripecias y vicisitudes de esta historia y, si Pilar Márquez se apunta y puede, las complejidades de su edición. Tenedlo en cuenta, no os lo vayáis a perder.

Cuentos de Amor (insano). Junichiro Tanizaki

Es un buen momento para cambiar de registro, romper los hábitos de lectura y buscar algo nuevo, diferente. Junichiro Tanizaki ha sido una elección acertada.  

Escritor censurado a comienzos del siglo XX, sus “Cuentos de Amor”, pese al título, son lo más opuesto a la candidez y la ñoñez rosa.  En Tanizaki –un transgresor innato de la moral establecida–, el amor romántico se transforma en insano, adquiere tintes sórdidos, depravados y rememora su aspecto menos sensiblero, que no sensible, pues siempre lo trata con elegancia y una voluptuosidad sugerente, muy atractiva.  Si le unimos el punto “exótico” de una cultura lejana (no sólo en el tiempo) como la japonesa que abandona el feudalismo y se contagia de “lo occidental“ (Tanizaki lo hace, hasta el punto de revestir muchos de sus cuentos con una pátina de novela negra y policíaca), el atractivo es doble.

Hay belleza intrínseca en lo malvado e iconoclasta de los once cuentos que componen el libro; un enfoque perverso del amor excelso, ya sea desde la visión del fetichismo sublime, la castidad o el masoquismo, una mujer fatal o un canalla, el travestismo sutil, el sadismo criminal… todas ellas perversiones del amor clásico, pero también pasiones humanas; en este caso, narradas con maestría, sensibilidad y hermosura. 

Escritos por un hombre, el tema central de los relatos, el eje sobre el que giran es la mujer, reflejo aquí de una época y cultura que nos resultan extrañas pero nos atrae, nos interesa. La mujer concebida como posesión, el premio que se consigue o pacta, se posee; también la mujer inquieta que, en su acatamiento, usa las armas de que dispone y lucha para revertir la situación y mantener al hombre (su amo) encaprichado y pendiente hasta conseguir –a veces, la mayoría– ser ella quien lo domine. 

Hay en verdad una guerra de sexos larvada en esta situación de tiempos lejanos, no ya como feminismo –allí no– sino como autodefensa; pero narrada con sutileza, sensualidad y una visión subversiva del deseo inconfesable que la hace atractiva y bella, cercana y distante a la vez.  En cierto momento, me llegó a recordar “El imperio de los sentidos” (de Nagisa Oshima, 1976), sin la carga de erotismo y sexo explícito que exhibe el film.

Un aspecto que a muchos ha resultado extraño, incluso frustrante (el libro fue objeto de una sesión –virtual– del “Club de Lectura Q pro Quo”) es que los finales de algunos relatos no sean tales, acaben sin concluir la narración.  Una de las aclaraciones de su editor, Carlos Rubio en el prólogo (de lo mejor de la obra, por lo explicativo que resulta) es que la narrativa en Japón no sigue el esquema occidental Principio-Clímax-Desenlace, sino que forman parte de una historia más amplia, que dio inicio antes y continúa después; influidas por el budismo, “las historias japonesas, más que acabar, se detienen”, quedan abiertas para que el lector –o el espectador– las complete en su imaginación.  Puede que para algunos resulte difícil este ejercicio de complicidad activa.

A destacar (para mí) “Los pies de Fumiko”, un cuento hermoso, clásico universal del fetichismo, la obsesión del foot-fetichist; páginas y páginas alrededor de la figura de una bella jovencita y su pie, descrito con metáforas y referencias elegantes que nunca cansan.  O “El segador de cañas”, que en los inicios parece pesado por las descripciones de senderos y rutas, pero su narración se transforma en sensible y sorprendente, mientras resalta valores como el compromiso y la entrega (del amor en castidad) en un trío formado por un hombre y dos hermanas. 

Asimismo,  “El Tatuaje”, o “El Mechón” (la historia de una ‘femme-fatal‘ al estilo noir).  Y, por su dureza, “El caso del baño Yamagi”, también de corte policíaco, en el que sorprende el sadismo de un asesino demente y la naturalidad con que todos aceptan su brutalidad en la mujer (esto, por desgracia, no es tan lejano) y que ella la acepte sumisa; o la escena en el baño público, que sobrecoge.  Pero es una excepción en el libro.  De Tanizaki me queda el recuerdo de su narrativa sensible, pausada y serena, a veces sublime, que me hizo recordar “Muerte en Venecia” de Thomas Mann, en su adaptación al cine por Luchino Visconti (1971).

En general, un libro que recomiendo; sobre todo para cambiar de aires y depurar la mente, quizá saturada por el género o estilo que cada uno frecuente.  De vez en cuando, lo nuevo, lo diferente sienta bien.

REGRESO AL ORIGEN

Inicié este blog en 2009. Bajo mi nombre, pues no conseguí los derechos del dominio «BERSERKR«, como era mi intención, para continuar en línea aquel fanzine de los años ’80 que edité.

En junio de 2015, conseguido el dominio, trasladé la acción a Berserkr.es, donde seguían las entradas publicadas y continuaron las nuevas, dedicadas todas a la Líteratura Fantástica, con especial interés en la Fantasía Heroica, igual que el fanzine que dio origen a todo.

Hoy, el mundo ha cambiado y yo con él, los perfiles y gustos son otros, más amplios, y me he decidido recuperar el blog inicial, para todo tipo de entradas que no contemplen temas del género fantástico, o sean colaterales a él. Pienso incluir aquí las entradas del Club de Lectura de Literatura Fantástica en Málaga que, a veces, rozan la categoría, y todas las entradas o reseñas que no sean de Literatura Fantástica, y que, en ocasiones, he publicado en sitios externos; ¿para qué, teniendo uno propio y diferenciado?.

Pero será poco a poco. Con el tiempo, cambiará el formato y presentación y, sobre todo, el contenido, más genérico que antes y sin limitaciones. Pero tiempo al tiempo. Todo se andará. Mientras tanto, Berserkr.es continúa su andadura.

Baste este reinicio para dejarlo claro. ¡Bienvenidos a mi nuevo-antiguo blog!

Un nuevo regreso…

…tras algunos meses de abandono.

Cinco en concreto, en los que el trabajo, otros asuntos, la falta material de tiempo y cierto cansancio después de seis años continuados, me hicieron frenar, e incluso pensar en abandonar el blog… de nuevo.

Ya me pasó antes, en un periodo de auge y máximo seguimiento, que descendió a la mitad con el regreso…  Y es que en este mundo de «socialización internauta» prima el impacto, la continuidad y lo inmediato, y es fácil que si no estás ahí de los primeros muchos dejen de seguirte.  Por eso, a la hora de pensar en un nuevo regreso me volví a plantear si merecía la pena hacerlo, cada vez con menos gente detrás.

Pero, siendo sinceros, no escribo tanto para que me leáis (¡¡ey, dejémoslo claro: me encanta que lo hagáis!!), sino para expresar mi opinión, transmitir sensaciones propias sobre lo que leo, veo, y disfruto: escribo para mí, en la esperanza que a alguien le interese cuanto digo, y compartamos algunas opiniones al respecto.  Si es así, me doy por satisfecho, pues voy a seguir haciéndolo; pero a mi ritmo, sin presiones de tiempo, novedad o inmediatez, sino conforme pueda y vaya sintiendo la necesidad de compartir esas experiencias.

En este tiempo, confieso, no ha habido mucho que despertase mi interés por compartir opinión al respecto; he diversificado temas, navegado más allá de la aventura, o lo fantástico y heroico, hacia otras categorías que tenía abandonadas hace tiempo; mi ritmo de lectura de estos temas ha descendido (no lo he dejado), pero de cuanto he leído o visto, poco ha despertado mi interés por comunicar (algo comento más abajo), y sin embargo, bien lo hubiese hecho con otros géneros diferentes, de los que sí he disfrutado en diversas formas y medios…

El Ministerio del TiempoSí me hubiese gustado comentar cosas que han quedado atrás (algo puse en facebook, y quizás alguna aún caiga por aquí): El fenómeno El Ministerio del Tiempo, que ha causado sensa-ción en todos los medios, la última entrega de El Hobbit, La batalla de los cinco ejércitos, las últi-mas declaraciones de G.R.R. Martin, en las que ya NO dice que NO terminará Vientos de Invierno en 2015 (tampoco afirma lo contrario, pero algo es algo…); las nuevas iniciativas de Mariano Villareal por dar visibilidad a la Ficción Especulativa y la Fantasía españolas, aWeird West partir de Terra Nova, Castillos en el Aire, o Mariposas del Oeste, que todos deberiamos apoyar; o las de ediciones Dloreans; por no hablar del excelente trabajo de recuperación de obras magníficas del pulp que Leigh Brackettrealizan los amigos de Barsoom, todas cuyas ediciones se agotan al poco de ver la luz.  O el nuevo juego de tablero de Conan de Monolith Board Games, con varias extensiones y un sin fin de magnificas figuras en resina que harán las delicias de los aficionados a partir de Octubre; un proyecto de crowfunding a través de Verkami qLogo juego Conan Monolithue solicitaba 80.000$ para ver la luz, y ha sido tal su acogida que ¡en un solo mes consiguió recaudar 3.327.757$! (el mayor apoyo conocido hasta ahora por este medio).

Pero habrá tiempo para hablar de ello…

Mientras, está al caer la cuarta temporada de Juego de Tronos; y acaba de finalizar en USA el siguiente arco argumental de Conan el Vengador: La Horda Maldita, prefacio a la adaptacion de Xuthal del Anochecer, de R.E.Howard; o el regreso de los pesos pesados (Conan, Kull, Solomon Kane, Bran Mak Morn) a La Espada Salvaje de R.E.Howard; o la nueva serie de Geralt de Rivia en cómic: The Witcher. Fox Childrens, y pronto su octava novela en español, Estación de Tormentas; y también he comenzado a leer El Pirata Negro, el clásico de Arnaldo Visconti

En fin, que seguiremos…