EL CODO DE LA TORCAZ, de Damián Cordones,

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«La alucinación epistemógica, lo que Jesualdo Salguero llama METANOIA (que distingue de la alucinación emancipadora), consiste en la incapacidad de distinguir los diversos sistemas de pensamiento que estructuran el mundo, una confusión metafísica que determina su percepción a priori (una paranoia trascendental). El sujeto construye un único sistema con piezas de otros sistemas (paranoia) y pretende capturar el exterior (Ver es capturar).»

Resulta complejo catalogar El Codo de la Torcaz con un calificativo que la defina exactamente, encuadrarla en un género, encontrar una etiqueta que facilite y dirija los pensamientos del lector, le oriente o lo atraiga a su lectura. El propio autor dijo, en su presentación en Málaga: «el libro es un producto que se vende; por eso se etiqueta, como cualquier otro producto»; o sea, que en el complejo mundo comercial que nos ha tocado vivir, el libro requiere, necesita, precisa una etiqueta, y hay que buscársela. Sin embargo, Damián Cordonestoda su obra, por elección propia– es un autor difícil de catalogar. La editora, Pilar Márquez lo clasificó como autor experimental, y yo estoy de acuerdo (aunque él mismo admita que «todo lo experimental deja de serlo con el tiempo«). Pero hay que poner etiquetas; son necesarias.

Y aunque considero que al autor no hay que etiquetarlo porque se le estaría encasillando, sí considero que a un libro, como resumen rápido para quien no lo conozca hay que ponerle etiqueta; aunque (como en este caso) no exista una que lo defina con precisión. Por eso –y porque es mi crónica y estoy en mi derecho a hacerlo-, me lo invento (como hacen los autores, editores o directores de márketing todos los día). También porque la etiqueta «Surrealismo lisérgico» me pareció divertida -además de apropiada- para definir esta obra de Damián (si no, tiempo habrá para debatirlo en persona, una tarde agradable de café y copas).

¿Cómo, si no, podría definir una obra compleja que (y es sólo mi visión personal, que cada cual extraiga las conclusiones que quiera tras su lectura), con términos realistas, trasciende la realidad y la nos la devuelve bajo un tamiz de irracionalidad imaginativa? Más cuando esta realidad sucede al influjo de la mescalina:

Su protagonista es un yonqui adicto a la heroína, bajo protección de Sawa -cocinero y fuente de la red de distribución de drogas en la ciudad- que intenta desintoxicarle intercalando chutes con un derivado del mescal; en un entorno de presión, deterioro y miseria, ocultos en una casa ruinosa del casco viejo, cuyos vecinos resisten frente al acoso de la corporación y los agentes inmobiliarios de M0rne, que pretenden su desahucio, demoler el barrio y construir un complejo de oficinas en su lugar; en una ciudad indeterminada, que igual podría ser Granada que una de aquellas renacidas de la plaga de fractal en La Era del Espíritu Baldío (el autor utiliza aquí un sistema de anotación y catálogo por listas, muy similar al de entonces aunque más desarrollado).

La historia la narra el protagonista cuando intenta reconstruir y mantener la red Torcaz de distribución de drogas, ante la incapacidad temporal de Sawa, a partir de sus propias anotaciones, que apunta y revisa una y otra vez al influjo de las drogas y el tratamiento de mescalina alterada, los apuntes encriptados de Sawa sobre su sistema de distribución y el ensayo que éste escribe sobre Filosofía Libertaria. Como modelo utiliza el sistema de desplazamiento de las blatodeas (cucarachas, en cristiano) que infectan y plagan la casa.

Si con lo dicho no os parece correcto el calificativo de Surrealismo lisérgico, puede que sea yo quien requiera tratamiento…

Si esta historia, narrada en un continuo estado de alucinación y los desvaríos de un yonqui, pero con tremenda lucidez no te atrae, tú te la pierdes. Porque, a lo señalado hay que añadir que Damián Cordones escribe de maravillas, con un lenguaje fluido y de pensamiento abierto al subconsciente, que te atrapa y engancha desde el primer momento y te hace cómplice de la investigación del protagonista, sus dudas y reflexiones, su intento por discernir qué está pasando, cómo actúa Sawa, a qué modelo responde el funcionamiento de la red Torcaz, cómo intervienen las palomas o las blatodeas, o qué ha querido decir él mismo en sus anotaciones previas, que revisa, tacha, corrige y puntualiza continuamente. Y, aunque parezca mentira, todo cuadra y el sistema Torcaz persiste (la revolución, si eso, en otro momento…). La historia -las historias de Damián- no se ajustan al canon clásico occidental de «principio-nudo-desenlace», sino que, como en la tradición japonesa, suceden en mitad de «algo» que viene de antes y continúa después; el relato se detiene y debe ser el lector -de nuevo cómplice- quien lo complete en su imaginación (un ejercicio complejo pero entretenido y apasionante, que se agradece).

Y, sobre todo, te perderías un trabajo ingente de edición creativa, la consecución de un reto editorial difícil de realizar (y superado con brillantez) para diferenciar y mostrar con lógica cada estado o revisión del autor protagonista; una sucesión de tintas a dos colores más negro en la misma página, sangrías, viñetas a diferente nivel, cajas de texto intercaladas, dibujos y signos, tablas… Ignoro cuánto del resultado final se encontraba en el texto original del protagonista autor, pero me consta que será poco lo que conserve del mismo y mucha la labor de edición realizada para obtener, pese a todo, una maqueta impecable; el único libro de la editorial que no contará con versión en digital porque -es verdad- perdería toda su gracia.

Aún recuerdo con agrado aquella sensación de impacto que causó, antaño, la singular edición de La Historia Interminable de Michael Ende y sus tintas a colores. ¡Qué maravilla! ¿verdad?. Pues la edición de El Codo de la Torcaz no le anda a la zaga y contiene mucho más trabajo. Un trabajo conjunto que ambos, Damián Cordones y Ediciones El Transbordador han hecho realidad.

Os recuerdo que un día, cuando todo acabe y la normalidad se recobre, vamos a celebrar un encuentro del Club de Lectura de Literatura Fantástica en Málaga con Damián Cordones, donde comentaremos su obra, las peripecias y vicisitudes de esta historia y, si Pilar Márquez se apunta y puede, las complejidades de su edición. Tenedlo en cuenta, no os lo vayáis a perder.