CONAN, el Cimmerio

Planeta de Agostini ha iniciado la publicación en España de la segunda colección de comics que Dark Horse dedica a revitalizar el más famoso personaje de Robert E. Howard; en esta ocasión, tal vez recordando aquella mítica primera serie de novelas editada por Lancer Books en 1973 (Bruguera en nuestro país), la colección se titula genéricamente Conan el Cimmerio (en los libros Conan de Cimmeria).   La primera colección también lo hacía; pues aunque en España se renombró a Conan la Leyenda, en origen fue Conan, a secas.  Veremos si las siguientes mantienen un criterio similar.

Como la serie anterior, Conan el Cimmerio se estructura en arcos argumentales diferentes que después conforman una novela gráfica completa, de casi 200 páginas.  El volumen 7 (USA) se titula Cimmeria, como aquel excelente poema sombrío de Howard, del que parte Timothy Truman, su guionista, y utiliza de introducción a su historia.  Pero si aquel volumen cero, Nacido en el campo de batalla, narraba la juventud de Conan en Cimmeria hasta su partida a los reinos hiborios, la nueva colección se inicia con su retorno -tres años después- a las montañas umbrías que le vieron nacer, en su primera añoranza de un país y unas tierras que volverá a abandonar de nuevo, tras la aventura que mantiene junto a personajes recuperados de aquellas páginas: Caollan, su amiga de juventud y primer amor, o Horsa, el Aesir entresacado de La hija del Gigante Helado.  Pero el verdadero co-protagonista del volumen es su abuelo Connacht, cuyas aventuras revive el cimmerio en continuos flashbacks, recordados o comentados por un extraño anciano de un ojo tapado que recuerda demasiado a cierto peregrino gris… y que son recreadas en imágenes por un veterano Richard Corben, maestro del cómic fantástico, cuya recuperación supone no sólo un acierto, sino todo un guiño al aficionado que recuerda con nostalgia su magnífico Bloodstar, adaptación de la novela El valle del Gusano, de Howard.


No voy a destripar la historia.  No es el momento.  Tan sólo comentar que la serie mantiene el nivel de la anterior, y el mismo equipo creativo con que acabó aquella.  Timothy Truman, sin ser Busiek, mantiene muy buenos momentos en sus adaptaciones (aunque me decepcionó un tanto en su desarrollo de La Mano de Nergal).  En la parte artística el argentino Tomás Giorello refuerza la imagen dura del joven bárbaro y cumple su cometido, sobre todo cuando no aplica tintas fuertes; pero no es Cary Nord, creador de la nueva imagen del cimmerio, de momento no igualada (regresará, más adelante, con unas portadas magníficas); Richard Corben es un guiño al aficionado, como antes comentaba, y sólo en el primer volumen; y el madrileño Jose Antonio Villarrubia es un colorista bastante más sombrío que el luminoso inicial de Dave Steward; pienso que su labor sería más llamativa si se aplicara directamente sobre lápices, como en los volúmenes iniciales, para suavizar el dibujo a tinta de Giorello.

Las portadas de la serie anterior llamaban la atención.  La nueva también lo intenta.  Han cambiado los criterios respecto a la continuidad del artista, que varía en cada arco, y hay que reconocer que van in crescendo.  Así tras un discreto Frank Cho en Cimmeria (ignoro por qué el primer número español no incluye la de Giorello para el nº cero USA, con más fuerza que la utilizada), y un llamativo pero hierático J.M. Linsner en Coloso Negro, en Kozaki irrumpe con fuerza impresionante el ilustrador de Kull, Justin Sweet, al que sigue un espectacular Cary Nord en los últimos números publicados (23).  Ojalá mantengan esta tendencia ascendente.


Hasta el momento, la serie Conan el Cimmerio contempla (en USA) los siguientes arcos argumentales (que no mantienen al completo la continuidad “oficial” establecida en su día por Lyon Sprague de Camp, e imagino que reservan a Bêlit para algo más especial), siempre sobre la base de un relato o idea original de Howard:

  • Volumen 7:  Cimmeria (publicado)
  • Volumen 8:  El Coloso Negro (publicado en serie mensual)
  • Volumen 9:  Los Compañeros Libres (Kozaki) (como serie, en curso)
  • Volumen 10: Sombras de Hierro en la Luna (a partir de junio)

Además, un número suelto El Peso de la Corona, ambientado en la frontera de Aquilonia, escrito y dibujado por Darick Robertson, un tanto brutal, y catalogado como “fábula para adultos”, y una curiosa anticipación de aquella sensual vampira lujuriosa que fue Akivashala mujer que nunca murió, entresacada directamente de las páginas de La hora del Dragón.

Animo a todos los aficionados a seguir esta serie; si es posible, libre de comparaciones con lo ya conocido.  Seguro que no defrauda; y en ella encontraremos momentos de alto nivel, cercanos en ocasiones a la visión inicial de Howard.